Argentina: Lugar donde nací, crecí, me crié y malcrié a base de una dieta en la que nunca faltaron los alfajores con dulce de leche, la banana con dulce de leche, las tortas bañadas y rellenas con dulce de leche, el pan untado con dulce de leche, el flan con dulce de leche, el arroz con leche con dulce de leche, la ensalada de frutas con dulce de leche, el helado de dulce de leche, los caramelos de dulce de leche y… tantas otras combinaciones que prefiero callar para no revelar inverosímiles recetas. Según me cuentan los que me conocían cuando aún me podían alzar en brazos, el secreto para callar mis llantos era untarme el chupete con dulce de leche.
En Argentina viví varios años. Los suficientes como para asistir a la escuela Primaria, la Secundaria y culminar la Universidad. Todo aquello aconteció en la lejana o cercana época en que no existían Facebook, Twiter, Youtube ni Skype. Entonces llegó el Gran Hermano Google con sus robots y sus cálculos matemáticos y me ayudó con mis búsquedas dentro de la gran red de redes. Hotmail hacía poco que pertenecía a Microsoft y la pregunta que marcaba tendencia era: ¿Tenés un email? Al poco tiempo, me gané una beca, me casé y me vine por un año a Europa. El Calendario Gregoriano señala que de aquel entonces ya ha transcurrido poco más de una década, sin embargo, los avances tecnológicos que veo día a día, a veces me hacen pensar que crecí en la prehistoria.
Bélgica: Llegué a fines de noviembre, ya lo dije pero lo repito: hace más de una década. De los 35° de calor de Misiones pasé a 2° en cuestión de horas, hacía varias semanas que el sol había desaparecido de Bruselas y de sus zonas aledañas (en realidad de todo el país) y las noches comenzaban a las cuatro y media de la tarde. Apenas una semana después de llegar, el 6 de diciembre, me regalaron unas galletitas llamadas spéculoos con la forma de San Nicolás y me explicaron con lujo de detalles la diferencia entre Papá Noel y San Nicolás. Esa misma persona, un holandés, me dijo que spéculoos derivaba del latín “species” que significa especias y que los primeros en fabricarlos fueron ellos con especias exóticas traídas de las Indias. Al tiempo, recibí otra explicación: Un belga me aseguró que el origen del nombre se encontraba en la palabra “spéculum”, que significa espejo, y que los spéculoos originales, (aquellos de recetas caseras y que se comían sólo en períodos navideños, mucho antes de que su venta sea industrial), reflejaban una imagen asociada a la vida de San Nicolás de Bari.
Lo cierto es que hoy no existe otro país como Bélgica, en donde esta galletita de color marrón, textura crocante y gusto especiado (su preparación exige la presencia de canela, nuez moscada, clavo de olor, pimienta blanca, jengibre en polvo y cardamomo) esté tan arraigada a la cultura gastronómica. Actualmente, en los bares belgas, las posibilidades de recibir un spéculoos como acompañamiento de un café, son las mismas que las de recibir una barrita de chocolate. Y su sabor lo podemos encontrar (además de en las galletitas) en el helado de spéculoos, el tiramisú de spéculoos, la pasta para untar a base de spéculoos y, según los más fanáticos, hasta en más de mil recetas de postres. Aquí una de ellas, realizada por mi amigo Lieven siguiendo las enseñanzas de su abuela:
En segundo lugar, este blog adquiere su nombre porque de la combinación de untar dulce de leche sobre los spéculoos, resulta un sabor extremadamente dulce (empalagoso para algunos, riquísimo para mí) que me ayuda a hacer frente a la vorágine de noticias amargas que escupe el televisor y salpican los diarios desde sus páginas de papel o Internet. Con ello, no estoy culpando a los medios de comunicación de mis atracones, ellos tan solo reflejan lo que sucede en el mundo, y también lo que más vende.
“La vida es una sinfonía agridulce…”, decía Richard Ashcroft, el cantante británico de The Verve. Es por ello que, cuando las noticias del mundo (personales, familiares, nacionales, mundiales etc., etc., etc.) son más amargas que la media, a mi día lo endulzo con un par de spéculoos con dulce de leche. Lo recomiendo; pero ¡Cuidado! Esta combinación de sabores levanta el ánimo pero agrega varios gramos al cuerpo.
Por lo tanto, a través de este escrito, queda expresamente señalada mi exención de responsabilidad ante el mal uso y/o abuso y/o dependencia a la que pueda inducirlo esta receta.
O en su defecto este blog, que porta el mismo nombre.
O en su defecto este blog, que porta el mismo nombre.
NO ME CONVIDASTE SPÉCULOOS CON DULCE DE LECHE CUANDO ESTUVE EN BRUSELAS, PORQUE? JAJAJA. TENGO QUE IR NUEVAMENTE!!!!!
ResponderEliminarGracias por el honor de figurar en el primer post de tu nuevo blog! Espero con interés tus próximas reflexiones.
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